Mi lucha contra ETA (I)

Así llevé ante la Justicia al presunto asesino de mi padre

Ilustraciones / Jon G. Balenciaga

Hace 23 años, un salvaje atentado de ETA en la Glorieta de López de Hoyos de Madrid dejó siete cuerpos apenas reconocibles, fundidos en el asfalto, atrapados entre los hierros de la furgoneta en la que viajaban. Ahora, un hombre que jamás había sido investigado por esta causa tendrá que responder ante el juez como presunto asesino de mi padre, uno de esos muertos. Será el 29 de agosto.

Murieron asesinados el teniente coronel del Ejército de Tierra Javier Baró Díaz de Figueroa; el teniente coronel del Ejército del Aire José Alberto Carretero Sogel; el sargento primero de la Armada José Manuel Calvo Alonso; el teniente coronel del Ejército de Tierra Fidel Dávila Garijo; el capitán de fragata de la Armada Domingo Olivo Esparza; el funcionario civil del Ministerio de Defensa Pedro Robles López, que conducía el vehículo, y el teniente coronel del Ejército del Aire Juan Romero Álvarez, mi padre. Entonces yo tenía 17 años.

En los últimos tres años me he dedicado a investigar qué pasó aquel 21 de junio de 1993. He querido averiguar quiénes fueron los autores a quienes nunca se juzgó. He buscado nuevas pistas que surgieron a lo largo de los años. He indagado en prisiones, en juzgados, en ministerios, en hemerotecas. He tenido la suerte de encontrar valiosas ayudas inesperadas. Otros intentaron entorpecer mi labor.

Ésta es la historia de una investigación personal. Pero también es un relato que muestra todo aquello que mina la conciencia social de este país: el inmovilismo, la desidia, la mentira, la irresponsabilidad. Son algunos síntomas de una enfermedad que se llama olvido.

Investigado y obligado a declarar

Cuando el juez del Juzgado nº 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, acordó recientemente llamar a declarar en calidad de investigado -lo que se conocía hasta hace bien poco como imputado- al etarra Jesús Garcia Corporales, se cerró un círculo. La suerte, quizá, tuvo algo que ver en que la decisión llegara justo tres años después del inicio de esta investigación, que arrancó a mediados de 2013.

¿Quién es Jesús García Corporales? Aunque más adelante contaré más detalles sobre él, los primeros datos que pude conseguir -casi todos ellos públicos- arrojan algo de luz sobre el personaje. Nació en Cubillos del Sil, un pueblo de la provincia de León cercano a Ponferrada, en 1960. Pasó su juventud en Llodio y, según los datos policiales recabados, contó con hasta cuatro alias: Gitanillo, Legionario, Josu y Carlos.

Fue miembro del comando Araba a finales de los años ochenta, en 1987 y 1988, junto al sevillano Juan Toledo Gavira.

El primer atentado en el que participó en Madrid, según datos extraídos de informes policiales, tuvo lugar el 24 de mayo de 1992 junto al estadio Vicente Calderón. Varios policías resultaron heridos. Además, se le vinculó con el atentado contra Irene Villa, perpetrado el 17 de octubre de 1991 en el madrileño barrio de Aluche, que causó la amputación de las dos piernas de la joven. También se le atribuyó la colocación del coche-bomba que causó la muerte del subteniente jubilado de la Guardia Civil Miguel Miranda, el 30 de noviembre de 1992.

Curiosamente, su nombre aparece relacionado con la cúpula de ETA. Hay constancia de que gozaba de comunicación directa con la misma ya en el año 1989: "... y siguiendo las directrices marcadas por la Dirección de la Organización ETA durante el mes de diciembre de 1989 se dedicaron a buscar posibles objetivos para perpetrar contra ellos acciones dañosas [...] comunicadas tales circunstancias por García Corporales y sus tres compañeros a miembros dirigentes de ETA, éstos facilitaron a aquellos 30 kg. de amonal para que fabricasen el artefacto explosivo...". Así reza un antiguo informe judicial que califica lo anterior como "hechos probados" recogidos en sentencias sobre atentados cometidos desde 1978 a 1997.

Varios informes policiales y documentación sitúan al etarra en Madrid durante las campañas 91/92 y 92/93.

Al menos otros dos informes policiales incluidos en esta causa aseguran con toda certeza que este etarra formó parte del sanguinario comando Madrid durante las campañas de ETA correspondientes a 1991,1992 y 1993.

Incluso existe documentación que sitúa a este etarra sin lugar a dudas en Madrid en enero de 1993 y a bordo de un Ford Fiesta rojo, que resultó ser el segundo coche que estalló en el atentado en el que mi padre murió asesinado.

García Corporales fue detenido en Francia en febrero de 1994 e inmediatamente se pidió su extradición a España, aunque ésta no se produciría hasta 1999. Una década después, en enero de 2010, manifestó su renuncia a la banda terrorista.

Sobre él recaían dos condenas: una de 64 años por el intento de asesinato de tres guardias civiles en 1989; otra, de 19 años por su participación en uno de los atentados contra el cuartel de la Guardia Civil en Llodio (Álava).

Terminó de cumplir su condena en la prisión de Álava (Zaballa) y fue puesto en libertad definitivamente en diciembre de 2013, tras haber gozado de al menos 11 permisos penitenciarios previamente.

Jamás fue procesado por sus actividades en Madrid.

Dos policías ante el juez

El día 24 de abril de 2016, dos policías declaraban ante el Juzgado Central de Instrucción nº 2. Uno de ellos, un antiguo responsable del seguimiento del comando Madrid, afirmaba sin lugar a dudas que Jesús García Corporales fue miembro del mismo durante la campaña 92/93, cuyo último atentado fue la matanza de la glorieta de López de Hoyos. Y también señalaba a María Jesús Arriaga Arruabarrena como responsable de infraestructura de ETA en la capital en aquellos años.

El otro agente, un inspector jefe, ratificaba los informes que él mismo había redactado punto por punto, y que apuntaban como posible autor del asesinato -en calidad de miembro del comando Madrid- al mencionado García Corporales: él estuvo en la capital, a pesar de que siempre lo negó.

La memoria de ambos era notable: no en vano habían participado en todo un operativo de escuchas y vigilancia centrado en uno de los tres pisos francos de ETA en Madrid durante varios meses en 1992. "Se llegó a concretar que Corporales era miembro del comando Madrid", dijo uno de los agentes ante el juez. No obstante, la documentación del exhaustivo aparato de vigilancia (cintas, informes, órdenes judiciales...) no se encuentra por ninguna parte: la Comisaría General de Información asegura una y otra vez que toda esa documentación "no aparece".

"En noviembre del 92 existe constancia de que estaba en Madrid", afirmó el otro agente, que añadió: "A partir de octubre del 92 no puedo asegurar nada, pero puedo presumir que, si se incorpora al comando en noviembre del 92, estaba para una campaña". Una campaña, en aquella época, abarcaba casi lo mismo que un curso escolar: llegaban a la capital a principios de otoño y se marchaban a finales de junio del año siguiente, a menos que alguno de ellos fuera detenido o se supiera identificado.

Estas declaraciones también confirman que el comando Madrid fue vigilado por un amplio operativo policial hasta que una terrible decisión política, no explicada hasta ahora, dio al traste con aquella investigación: los asesinos, que estaban localizados, no fueron detenidos y tuvieron vía libre para matar.

Así murió mi padre

El día 21 de junio de 1993 amaneció soleado y bochornoso, como corresponde al primer día del verano. Mi padre, Juan Romero Álvarez, y otros seis hombres, subieron a la furgoneta que cubría la ruta entre Alcalá de Henares y la sede del Estado Mayor de la Defensa, en la calle Vitruvio esquina con el Paseo de la Castellana. Todos ellos trabajaban allí menos mi padre, que era profesor en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).

A las 8:15, y mediante un mando a distancia, estalló un Opel Corsa cargado de explosivos al paso de la furgoneta en la calle de Joaquín Costa, 61, justo a la salida de la glorieta de López de Hoyos. La explosión fue tan violenta que algunos restos del minibús -incluso humanos- aparecieron sobre el paso elevado que cruza la plaza.

Una hora más tarde, otro coche -usado por los asesinos en su huida- explotó en la calle Serrano, 83 (no muy lejos del primer ataque), en esa ocasión a causa de una bomba cuya detonación estaba programada mediante un temporizador. Era un Ford Fiesta rojo. Murieron los siete ocupantes de la furgoneta y 25 personas resultaron heridas en ambos hechos.

Me enteré de que no volvería a ver a mi padre jamás después de hacer un examen de Física, el último de 3º de B.U.P. en el Colegio de Huérfanos de la Armada de Madrid. Me recogió mi tía Rocío. Aún no sé cómo no me di cuenta, al llegar a casa, de que algo había pasado, ya que había una enorme cantidad de gente en la calle, en el rellano del piso y en el salón. Sólo cuando mi madre me llevó a la cocina y me contó que mi padre "no estaba", comprendí que él había sido uno de los muertos del atentado de aquel día. Grité, di un puñetazo a la pared y justo después mi madre me pidió, completamente serena, que me rehiciera: jamás he vuelto a ver tanta dignidad en una mirada.

Ésta es, resumida, la descripción que se realizó de los atentados de aquel día. Las crónicas periodísticas de la época cuentan qué pasó y dónde, pero no cómo, ni quién, ni por qué.

Mi padre murió porque alguien apretó un botón, y varias personas colaboraron para que eso sucediera

Los siete cuerpos, carbonizados, fundidos y atrapados entre los restos de la furgoneta en la que viajaban, constituyen un símbolo de la cobardía que mantuvo en vilo a este país durante cuatro décadas de terror y violencia. Pero se erigen ahora también como una metáfora de todos aquellos cadáveres, casi 400, cuya historia está aún por aclarar.

Porque mi padre no murió simplemente porque un coche bomba estallara junto al minibús en el que viajaba: murió asesinado por quien apretó el botón del mando a distancia que detonó los 40 kilos de amosal escondidos en el coche que reventó a su paso. Mi padre murió porque alguien tomó esa decisión, y varias personas colaboraron para que eso sucediera. No fue un accidente: fue un asesinato terrorista.

¿Quién es el ahora inculpado por la muerte de mi padre? ¿Quién es Jesús García Corporales más allá de sus alias Legionario, Gitanillo, Josu y Carlos? ¿Por qué es importante su papel en los asesinatos? ¿Qué relaciones tenía con el sanguinario comando Madrid de ETA? Y, sobre todo, ¿por qué no se le ha investigado a fondo hasta ahora?

A lo largo de los próximos días trataré de contestar a estas y otras preguntas, e intentaré explicar con pruebas y datos los pormenores de una investigación que condujo a la inculpación de una persona que, todo parece indicar, tuvo mucho que ver en la matanza de la Glorieta de Lopez de Hoyos aquel 21 de junio de 1993, el día en que murió mi padre.