Hospital Católico del Espíritu Santo en Makeni, Sierra Leona / David López Frías.

Morir de malaria por miedo al ébola

Por DAVID LÓPEZ FRÍAS. 25 ABRIL 2016.

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FREETOWN, Sierra Leona — “La prueba de diagnóstico rápido de la malaria salva vidas. Y hubiese evitado muchas muertes si hubiésemos dispuesto de más unidades durante la crisis del ébola”.

Lo asegura el doctor Ibrahim Touré, director del Holy Spirit Hospital de Makeni, al norte de Sierra Leona. Un lugar inhóspito, a tres horas de la capital, donde escasean las medicinas y el material médico. En Makeni es habitual morir de malaria. Y en toda la nación. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la malaria es la principal causa de muerte en Sierra Leona. Es el cuarto país del mundo con un mayor porcentaje de decesos por esta enfermedad, sólo por detrás de Burkina Faso, Mozambique y República Centroafricana. El 90% de los fallecidos son niños menores de cinco años.

El problema de los sierraleoneses es que, de los cinco tipos de malaria que afectan al ser humano, la más peligrosa es la que se encuentra en su país. La malaria se transmite mediante la picadura del mosquito Anopheles, que inocula un parásito llamado Plasmodium falciparum. La especie que habita África Occidental es la más dañina para el organismo humano, capaz de provocar malaria cerebral, una de las complicaciones más graves, y dejar atrás un mayor número de fallecimientos. Ello supone que, a diferencia de los tipos de malaria localizados en Ámerica, la malaria africana sea una causa de muerte habitual.

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Porcentaje de infectados por malaria (entre 2-10 años)

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Malaria Atlas Project / Luis Sevillano.

Sólo en 2014 fallecieron 6.088 personas en Sierra Leona por este mal endémico. De 2015 no se dispone aún de datos fiables, ya que fue el año en el que otra enfermedad centró todos los esfuerzos médicos del país: la epidemia del ébola que acabó colapsando África Occidental.

El gobierno de Sierra Leona prohibió los eventos deportivos, los actos públicos y las manifestaciones. Se cerraron fronteras y se decretó el estado de emergencia. Sin embargo, la cifra de muertos por ébola en el país ascendió a 3.956 personas en apenas dos años. Casi la mitad del número anual de muertos por malaria.

Los diagnósticos se confunden

¿Qué sucedió en 2015? Que en muchos lugares se confundieron los diagnósticos. “La época del ébola fue especialmente confusa para los médicos de Sierra Leona”, señala el doctor Touré, “porque los síntomas iniciales de ambas enfermedades son muy parecidos. En ocasiones idénticos. Fiebres, diarreas, malestar general, dolores de cabeza…”. La falta de medios, las pobres infraestructuras y el miedo al ébola acabaron provocando el caos.

El gobierno de Sierra Leona prohibió los eventos deportivos, los actos públicos y las manifestaciones

El primer filtro por el que pasan los pacientes cuando llegan a un hospital es el del termómetro. Durante la crisis del ébola, las personas que llegaban con alta temperatura a un centro de salud eran directamente trasladadas a un pabellón independiente. Allí compartían espacio todas las personas con fiebre. Entre ellos, infectados de ébola; una enfermedad que se transmite por contacto físico. Mucha gente acudió a Urgencias aquejada de malaria, nadie les diagnosticó correctamente, les confinaron en un mismo espacio con portadores del ébola y se contagiaron.

“En nuestro hospital disponemos de test de diagnóstico rápido, lo que nos permite evaluar si una persona tiene malaria o no en tan sólo unos minutos”, cuenta Touré, que tiene claro que “eso salvó muchas vidas”. Pero lamenta que no todos los centros sanitarios del país estén en las mismas condiciones. El hospital de Makeni está gestionado por la diócesis católica italiana de Albano, que es la que se encarga de costearlo y suministrar materiales. Sierra Leona es uno de los países más pobres del planeta y la mayor parte de los hospitales depende de las entidades extranjeras: principalmente de las ONG y de las órdenes religiosas. El sistema sanitario público apenas recibe dinero del gobierno. Así, los test de diagnóstico rápido son un artículo inédito en muchos centros de salud del país.

Una joven chica sierraleonesa se diagnostica de malaria en un centro de salud / David López Frías.

De este modo, los hospitales que no contaban con este tipo de pruebas entre 2014 y 2016 se convirtieron en focos de infección del ébola para personas aquejadas de malaria. Pero, aunque fueron muchos los que no se contagiaron de ébola, siguieron expuestos al riesgo de fallecer de malaria. “Para combatir la malaria, es fundamental emitir un diagnóstico temprano; así se puede administrar la medicación pertinente”, asegura el doctor Touré. Pero el brutal incremento de casos de pacientes febriles llevó a los sanitarios a priorizar el protocolo del ébola frente a cualquier otra actuación. Así, las pruebas de diagnóstico de malaria se demoraban (en detrimento de las del ébola, que eran prioritarias). Y esa tardanza provocó que muchos pacientes (especialmente niños) no fuesen diagnisticados a tiempo y falleciesen.

Los hospitales que no contaban con este tipo de pruebas entre 2014 y 2016 se convirtieron en focos de infección del ébola

Una de las principales ventajas de los tests de diagnóstico rápido es que son sencillos de utilizar. La prueba se puede realizar en casa, sin instrumental ni personal médico especializado. Estos tests se pueden encontrar en muchas de las farmacias de la capital, Freetown, pero raramente están disponibles en ciudades más pequeñas. Su precio es de poco más de un euro; una cifra muy asequible en Europa o Estados Unidos, pero prohibitiva en un país en el que el salario medio no llega a los 200 euros al mes y la tasa de desempleo es exorbitante.

Sencillo, barato e inaccesible

“En nuestra familia, comprar un test de esos sería un lujo porque no tenemos ni para comer”, explica Madeleine, una sierraleonesa de 28 años que ha padecido dos malarias en los últimos seis meses. Madeleine reside en una cabaña de una aldea de Rokupr, en el centro del país. El hospital del pueblo cerró en 2014. El siguiente centro de salud más cercano está en la ciudad de Lunsah. Se encuentran a 30 kilómetros pero están separadas por un río. “No hay puentes y para llegar a Lunsah tenemos que dar toda la vuelta”, cuenta. Una vuelta que convierte una ruta de 30 kilómetros en una de 100. Es uno de los motivos por los que las visitas al hospital católico de Lunsah son contadas para los residentes. Madeleine perdió a su sobrino de cinco años por la malaria. “Se puso malo y mi hermana no dijo nada. Tenía miedo de que se lo llevasen y no lo volviese a ver”. Además, el estigma social que recae sobre las familias con casos de ébola es insoportable, por lo que muchas personas optan por ocultar cualquier indicio de enfermedad.

Como ocultar a un enfermo de ébola está penado por la ley de Sierra Leona con dos años de prisión, su hermana se aisló en su cabaña, guardó silencio y esperó a ver el desarrollo de la enfermedad. “Si ella se contagiaba, sabía que era ébola. Y si no, malaria”, recuerda Madeleine. Finalmente, el chico falleció y nadie en su casa resultó contagiado de ninguna enfermedad, por lo que ellos interpretan que murió de malaria. “Si hubiésemos tenido esas pruebas mi hermana hubiese descartado el ébola y hubiese llevado al niño a que le diesen medicación”, concluye Madeleine, que ahora reside en el centro de acogida para mujeres Teresa de Calcutam en Makeni. Tras la crisis del ébola dejó su aldea, donde hay quien dice que no existe tal hermana y que lo que cuenta Madeleine le sucedió a ella misma y a su propio hijo.

“Si hubiésemos tenido esas pruebas mi hermana hubiese descartado el ébola y hubiese llevado al niño a que le diesen medicación”

Mientras no haya vacuna contra la malaria, la única forma de evitar el contagio de la enfermedad es intentar que no piquen los mosquitos (o en este caso, las mosquitas, porque sólo pican las hembras). La radio sensibiliza a la población con agresivas campañas publicitarias en las que instan a los oyetes a dormir con mosquitera. Sin embargo, no todos los hogares pueden disponer de una red antimosquitos para cada miembro de la familia.

La otra opción es la profilaxis, práctica reservada sólo a turistas y personas que vayan a permanecer un tiempo limitado en el país. Medicamentos como Malarone o Lariam logran atenuar el impacto del parásito en el organismo. Sin embargo, ni se puede tomar durante toda la vida, ni es accesible para los bolsillos de los sierraleoneses: el precio de una caja de estas pastillas ronda los 60 euros.

Un test de diagnóstico rápido para malaria empleado en Sierra Leona / David López Frías.

Así, los sanitarios coinciden en que la forma más efectiva de controlar la mortalidad de la malaria en Sierra Leona es la de disponer de test de diagnóstico rápido y la medicación pertinente, que consiste en tres tomas de pastillas que cuestan un euro en las farmacias. Un precio mucho más asequible que el de las pastillas de profilaxis. “Aquí casi todo el mundo coge malaria varias veces al año. Es como una gripe para los europeos” cuenta el doctor Touré. “Lo importante es diagnosticarla rápido, sobre todo a los niños, y poder administrar así los medicamentos requeridos”.

Sierra Leona es el ejemplo más dramático de la incidencia del ébola en la mortalidad en África Occidental. El porcentaje de fallecidos por esta enfermedad es desemsurado. Sierra Leona contabilizó algo más de seis mil muertos por el parásito en 2014. Nigeria registró ocho mil. La diferencia estriba en que Nigeria tiene 173 millones de habitantes y Sierra Leona sólo seis millones.

Durante la crisis del ébola, la comunidad internacional se volcó con el país. Gobiernos de todo el mundo donaron grandes cantidades de dinero (especialmente Reino Unido), pero este importe sólo se ha visto reflejado en la lucha contra el ébola. La prioridad fue acabar con al epidemia, por lo que se invirtió todo ese dinero en desinfectantes, guantes, material para esterilizar, carpas para montar pabellones improvisados… y se descuidó la malaria. El doctor Touré lo tiene claro: “Necesitaríamos una inversión importante porque la malaria es el gran mal de África Occidental. Más incluso que el ébola. Esa epidemia ya la hemos controlado, pero la malaria va a seguir matando año tras año”.